Terapias conservadoras

Si las molestias articulares todavía no son muy graves o si se han detectado enfermedades que no requieren una intervención quirúrgica, también debe considerarse, antes que nada, la aplicación de tratamientos conservadores, es decir, sin intervención quirúrgica.

Tras un diagnóstico exhaustivo, decidimos qué terapia se empleará en cada caso y creamos un plan terapéutico personalizado que compagine las medidas entre sí. No obstante, en algunos casos, se recomienda renunciar a las terapias conservadoras si no se pueden llevar a cabo por las circunstancias individuales o si las molestias empeoran.

Vendaje de un pie

Desarrollo del tratamiento

Terapia conservadora designa el uso de medicamentos y fisioterapia. Con la ayuda de la fisioterapia, se puede conservar y, en parte, mejorar la movilidad de las articulaciones. Mediante ejercicios específicos se refuerza la musculatura y se consigue un fortalecimiento. Esto requiere siempre también ejercicios propios del paciente según un plan terapéutico elaborado para cada paciente de forma personalizada. La fisioterapia es útil sobre todo antes y después de una intervención quirúrgica.

Igualmente, se pueden alcanzar buenos resultados terapéuticos mediante terapias físicas como masajes, electroterapia o aplicaciones de frío y calor. También se pueden prescribir ayudas como, por ejemplo, cojines, plantillas o vendajes que descargan y refuerzan las articulaciones, con lo que contribuyen a un alivio de las molestias.

Los medicamentos colaboran en el tratamiento antiinflamatorio y en la reducción de la hinchazón del tejido. Además, sirven para mitigar el dolor. En algunos casos, también ayuda la inyección de medicamentos en o alrededor de la articulación para reducir la inflamación y detener el dolor. Este tratamiento lo realizamos con anestesia local.

Pierna doblada durante fisioterapia