Aneurismas cerebrales

Dicho de modo simplificado, los aneurismas son ensanchamientos de las arterias, por las que circula la sangre, y pueden darse en distintas zonas del organismo, entre otras, en el cerebro.

Su origen se puede deber, por ejemplo, a una arterioesclerosis (calcificación de las arterias) o a debilidades y alteraciones congénitas de la pared vascular. No obstante, la causa de ese ensanchamiento también puede ser una infección. El tamaño de un aneurisma puede alcanzar desde unos pocos milímetros hasta varios centímetros.

Si el aneurisma crece demasiado o si aumenta la presión sanguínea sobre la pared debilitada, este puede estallar y desembocar en peligrosas hemorragias en el cerebro.

Síntomas

A veces los pacientes suelen quejarse durante mucho tiempo de cefaleas recurrentes. Los aneurismas grandes provocan dolores de cabeza y, en función de su tamaño y su posición, también alteraciones visuales, parálisis en los músculos oculares o en el rostro, hormigueo y debilidad de las extremidades, así como trastornos de la conciencia. En este caso, se trata de los mismos síntomas que en un efecto de masa como, por ejemplo, en caso de un tumor.

Si un aneurisma cerebral estalla, se producen hemorragias cerebrales, cuyos síntomas se asemejan a los de una apoplejía y van desde repentinos dolores de cabeza punzantes y náuseas y vómitos inmediatos, hasta entumecimiento de la mitad del cuerpo y trastornos de la conciencia. En el peor de los casos, puede tener incluso consecuencias letales.

Terapia

Si se descubre un aneurisma cerebral, este tiene que ser tratado sin demora para evitar hemorragias letales.

Para ello, están disponibles dos procedimientos diferentes: en la mayor parte de los casos, podemos ocluir los aneurismas con microcirugía usando la técnica del clipaje. Determinados aneurismas pueden tratarse con el denominado "coiling".