Terapia contra el dolor

El tratamiento del dolor en sí constituye un pilar importante en el marco de un concepto terapéutico. La terapia contra el dolor no debe adoptarse como única terapia, sino de forma temporal, concomitante o complementaria hasta que se aclare la causa y se establezca un concepto terapéutico global.

Analgésicos

En casos agudos, se recomienda la ingestión de analgésicos en función de la intensidad del dolor. A menudo, se combina con la toma de relajantes musculares y/o con fisioterapia. De forma paralela, se diagnostica la causa del dolor (hernia discal, estenosis espinal, inflamación, tumor, quiste) mediante TRM o TC, entre otros. En principio, se trata la causa y no únicamente los síntomas como el dolor.

Aparte de la ingestión de analgésicos, también se pueden realizar hasta 3-4 inyecciones o infiltraciones de las estructuras afectadas como, por ejemplo, infiltraciones de las articulaciones vertebrales (facetas) o terapia perirradicular (TPR: inyección de anestésicos como preparados de cortisona) para aliviar las molestias.

Opciones terapéuticas

Si el tratamiento directo de la causa no es conveniente (dolor fantasma, dolores a pesar de múltiples intervenciones quirúrgicas, entre otros) o simplemente es imposible (casos muy graves de desgaste, características anatómicas complicadas), entonces están disponibles otras opciones terapéuticas. Este es el caso también cuando el estado general del paciente no permite un tratamiento así. Lógicamente, estas opciones pueden llevarse a cabo en combinación con otras medidas (medicamentos, fisioterapia, psicoterapia).